Reseña de Ada Colorina en la Guía de Arte
Cada una de las piezas de Ada Colorina cuenta una historia idílica en donde la humanidad, los reinos naturales y aun el cielo, las nubes y los astros, conviven en plenitud y armonía
Historias originadas en la claridad evocativa y en una poderosa imaginación que describen leyendas populares y perfiles de la cultura y de la tradición latinoamericanas inmersas en pródigas y fecundas atmósferas, en cuanto a la riqueza de los elementos compositivos y también en cuanto a la rica variedad del colorido. Fiestas, corridas de toros, charreadas, ritos religiosos y escenas cotidianas narradas con un matiz humorístico y con la sencillez y alegría natural de su autora.
Composiciones en las que, quizá, las mayores virtudes están en el manejo equilibrado y justo del espacio y en la exhuberancia del color en sinfonía. Aquí no hay cabida para lo accidental y lo fortuito. La sensación de profundidad tiene una preponderante relevancia y su efecto es logrado mediante una cuidadosa y preparada disposición espacial de los personajes y de los elementos compositivos, ninguno de los cuales aparece como centro focal de las escenas, sino en cumplimiento de una función distribuida con equidad en el conjunto, en una suerte de polifonía plástica de gran potencia expresiva. Una luz uniforme y la nitidez en la terminación de los elementos que aparecen en los planos últimos, además de potenciar el efecto de profundidad, sugieren la presencia de un aire prístino y puro ventilando las escenas.
Joven, en cuanto a edad se refiere, pero con una larga trayectoria en el oficio, Ada Colorina ha desarrollado un estilo propio y definido que es el símbolo de identidad artística con que su obra es reconocida y apreciada dentro y más allá de las fronteras nacionales y le confiere meritoria pertenencia a la historia del arte vallartense. Un estilo inscrito en la corriente näive cuya diferencia fundamental con el particular de Lepe está en el perfilado de las figuras y en la separación del color, más en consonancia con la tradición artesanal característica de los bordados y la gráfica sobre papel amate del estado de Guerrero.
La pintura ha sido una presencia constante a lo largo de la vida de Ada. La pintura es su vida. Hija de Daniel Incháurregui, recibió de él los principios fundamentales en su formación artística, enriquecida posteriormente con su asistencia a los talleres de la Isla del Niño, dirigidos por Javier Niño. Colorina, el preciso apelativo, le fue dado por su padre. Esa influencia definitiva, aunque en diferente estilo y con la preferencia por los acrílicos, es perceptible también en la selección de la paleta clara y variada, en tonos cálidos, y en el festivo uso del color.
Ada Incháurregui (Puerto Vallarta, 1970) ha celebrado un gran número de exposiciones de su obra. Aquí un breve resumen: Boulder, Colorado (1987), Artisan’s, Newport Beach, California (1988), Galería Uno, Puerto Vallarta (1992, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 01), El Arte y el Mariachi, Museo Regional, Guadalajara (1996), Costumbres y colores, Galería del Tren Ligero, Guadalajara (1999), Los colores del trópico, Galería Ruíz Rojo, Galería Atenea, San Miguel de Allende, Guanajuato (2004), Fine Arts Center de Highland Park, Ill. (2004).