Noche en BeBotero Bar en la Guía de Antros
En BeBotero el rock es lo que “rifa”. El ambiente es bastante informal y desenvuelto. Aquí no hay pretensiones fancy de parte de los parroquianos. Tampoco del personal del bar. Y eso se agradece bastante. Más bien se trata del típico lugar para ir con los amigos y divertirse. Así de fácil, así de sencillo.
Es quizás por esa razón que la franquicia BeBotero sea tan popular en la zona metropolitana, su lugar de origen. Cuentan con dos establecimientos muy concurridos en Tlaquepaque y en Guadalajara.
En Vallarta el bar se localiza al pie del malecón, en un primer piso. Ubicación privilegiada por la vista única al malecón, y allá, a lo lejos, la zona hotelera, la marina y foquitos circunvecinos. Procure llegar temprano si quiere alcanzar mesa en los balcones. Si no lo consigue, no se preocupe, poco tiempo tendrá de echarle un ojo a los paseantes de abajo. La diversión está adentro.
Las noches, a partir de las 10:30pm, las ameniza Hangar, quinteto que toca covers en inglés y en español. Desde Los Fabulosos Cadillacs e Inspector, hasta El Tri, Molotov o La Cuca. Se avientan palomazos de a 45 minutos, descanso, rolitas para seguir bailando y de regreso el grupo. Música para nostálgicos y fanáticos de hueso colorado del rock.
Al calor de las chelas la banda se prende. No resulta extraño entonces, que dos o tres espontáneos se paren de sus mesas (o sobre ellas) y comiencen a moverse al ritmo cadencioso del ska. La concurrencia se anima. Incluso hasta los meseros, ataviados de camisa amarilla, se detienen un instante para aventarse unos “pasitos” muy a la Full Monty, dignos de un momento Kodak.
Las cervezas siguen circulando, como si no importara el precio. Las chavas se muestran ansiosas, como buscando prospectos para el ligue. Los chavos ensayan conquistas entre vuelta y vuelta al baño. El sitio resulta idóneo para empezar el recorrido nocturno. Como para ir entrando en calor, pues.
Retratos rechonchos de personajes de la música, el deporte y el cine, le dan el toque distintivo a la decoración. Maradonas, Fridas, Travoltas, Sub Marcos, Lennons, entre otros. Todos gorditos y sonrosados como en pinturas del colombiano Fernando Botero.
La concurrencia es más o menos heterogénea. De 25 a treinta y tantos años más o menos. Pero igual y se encuentra por ahí algún cuarentón en plan de reventón o algún grupito de preparatorianos desmadrosos. De cualquier manera, si lo suyo es la música a altos decibeles o busca un ambiente casual para su diversión nocturna, déle un chance a este bar, importación de la perla tapatía.