Entrevista con Austin Petersen en la Guía de Salud
Sugerencias de un hombre de 100 años que precisamente eso ha hecho
¿Cuál es su opinión sobre los diferentes lugares donde pueden vivir las personas jubiladas?
Austin Petersen: “Empecé a buscar posibles lugares desde 1955, cuando me tomé nueve meses de descanso y viajé con mi esposa y los gemelos al Caribe. Paramos primero en las Islas Vírgenes, donde nos pareció que tenían mucho de lo que buscábamos. Durante los dos meses que estuvimos ahí, pudimos broncearnos y yo empecé a verme saludable otra vez; pero después de ese tiempo decidimos que no era lo que queríamos. Nos fuimos entonces a Nassau que tenía playas todavía más agradables. Ahí conseguimos una nana negra para los gemelos, que era fabulosa y a la que todos adorábamos; nada más que, todos los días, a las 2:00pm en punto se sentaba a escuchar las radionovelas que transmitían desde Miami y no se le podía pedir ni un vaso de agua durante dos horas. De todos modos, dos meses ahí fueron más que suficientes y nos mudamos a la República Dominicana, con maravillosas playas y precios económicos”.
¿Qué otros lugares ha visitado con miras a retirarse?
AP: “De la República Dominicana nos fuimos hacia Bahía de Montego y a Ocho Ríos, en Jamaica. Nos gustó mucho y nos quedamos ahí durante varios meses, pero luego me sentí aburrido y regresé a Nueva York. Ahí me encontré con mi viejo amigo Pat Weaver quien en ese entonces era el presidente de la NBC. Me dio trabajo como consultor para una nueva serie en radio que estaba por lanzar, llamada Monitor y me preguntó si me gustaría salir en una gira publicitaria por Sudamérica como representante de la cadena. Yo iba a grabar varias entrevistas durante el viaje que serían transmitidas en el nuevo programa. Fuimos recibidos y tratados como si fuéramos de la realeza por el presidente de Panamá, así como por personajes importantes de Lima, Perú; Santiago de Chile y Buenos Aires, Argentina”.
¿En ese viaje conoció algún lugar a donde le gustaría vivir para retirarse?
AP: “En Panamá hay varias zonas residenciales interesantes que dan servicio a jubilados de Estados Unidos y Canadá; pero yo, en lo personal, tendría mis dudas sobre vivir mi retiro ahí”.
Tengo entendido que intentó vivir en Cuernavaca y en San Miguel de Allende…
AP: “Tenemos unos amigos que se mudaron a San Miguel de Allende y les encantó; es un pueblito artístico escondido entre las montañas y cientos de ciudadanos de EEUU y Canadá lo han adoptado como su residencia temporal o permanente. También hay una universidad y muchas galerías de arte, además de muchas actividades interesantes. Desafortunadamente, su altitud es de más de 2,000 metros y eso nos hace evitarlo. Cuernavaca es una hermosa ciudad colonial con un clima casi perfecto y una buena altitud de 1,500 metros; pero es bastante cara. Las propiedades ahí llegan a costar hasta varios millones de dólares. Eso puede ser magnífico si uno está forrado de dinero.
¿Cómo fue entonces que se decidió por Puerto Vallarta?
AP: “La primera vez que visité Puerto Vallarta fue allá por los años 30, cuando la única manera de llegar o salir era por el mar o por aeroplano. No había carreteras. Yo llegué en un vuelo que tuvo que pasar por encima del camino de tierra tres veces para espantar a las vacas y poder aterrizar. En ese entonces, Vallarta era un pueblito de pescadores; el único hotel turístico era el Oceana, que después alojó al reparto y equipo que trabajó en la película La Noche de la Iguana”.
¿Qué fue lo que le atrajo de esta zona?
AP: “En primer lugar, su ubicación en una de las más hermosas bahías del mundo y que como fondo cuenta con las excelsas montañas selváticas de la Sierra Madre. Las playas a lo largo de la bahía, van de un color dorado hasta las que parecen nieve de tan blancas. Hay mucho que hacer aquí.
¿Por qué fue que eligió el área de la Marina?
AP: “Aunque es más barato vivir en la ciudad, a veces hay mucha gente y ruido. Nosotros nos asomamos y vemos la alberca, la playa dorada, la bahía y las montañas al fondo, sin ruido del tránsito; quizá el silbato de algún bote de vez en cuanto. En la playa que está frente a nuestro departamento ocurre un evento muy interesante cuando llega el otoño: cientos de tortugas marinas llegan a la playa a desovar. Hace tiempo estos huevos eran desenterrados y devorados, tanto por las aves marinas como por la gente del lugar que consideraba a estos huevos como un manjar delicioso. Hoy en día, los huevos son manejados con mucho cuidado por los empleados del hotel Marriott, que está junto a mi casa, los llevan a un lugar seguro donde son incubados, para después regresar a las pequeñas tortugas al mar”.
Entiendo que ha viajado usted mucho…
Austin Petersen: “Toda mi vida, aunque ha sido menos en los últimos dos años. Para mí, viajar es el mejor escape del estrés que se haya inventado, aunque no debe uno esperar a llegar a la vejez para disfrutarlo. Durante mi juventud escribí y produje programas de radio que, dio la casualidad, se ensayaban en sábado para transmitirse el domingo; así que nunca tuve un fin de semana libre durante muchos años. De repente, en 1951, ya no hubo ningún programa dominical y pude disfrutar de los fines de semana. Créame: el poder alejarse de todo aunque sólo sea por un par de días, puede hacer maravillas en uno”.
Supongo que sí…
AP: “Durante los años 30 trabajé de manera independiente para programas de radio, por lo que tenía trabajo durante 39 semanas, pero no durante las vacaciones de verano. Así que el momento en que el último programa de la temporada terminaba de transmitirse en junio, yo ya estaba en un avión con dirección al Caribe, México, Hawai o los Mares del Sur. 24 horas después el estrés, la ansiedad y los problemas ya habían desaparecido y yo era un hombre nuevo”.
No todos tenemos el tiempo o el dinero para viajar a otros países para relajarnos.
AP: “Entonces hay que viajar a donde el presupuesto lo permita. A donde sea, pero hay que salirse de la casa. Si se queda, será sólo para lamentarse”.
Regresando a esos viajes largos, ¿Qué lugares le pareció que valieron más la pena?
AP: Al final de los años 50 decidí ir a las islas de Tahití para escapar totalmente. Me encontré con paisajes maravillosos y actividades excitantes como bucear, ir en velero, remar, ver a las bailarinas… En ese entonces, salía muy barato.
¿Qué otros destinos de viaje recomienda?
AP: “En los años 30 y 40 venía a México cuando tenía algunos días libres. Iba a Guaymas, Mazatlán, San Miguel de Allende, Acapulco, Oaxaca, Fortín, Puerto Vallarta…Una vez, mi esposa y yo nos fuimos en coche hasta Cuernavaca por la autopista panamericana que acaba de ser terminada. Nada más que, cerca de una cascada en las afueras de la ciudad, me caí de un caballo, me rompí un brazo y mi esposa tuvo que manejar más de 4,000 kilómetros de regreso ella sola. ¿La moraleja? No elegir montar a caballo por primera vez en la vida en un lugar que esté a miles de kilómetros de casa.
¿Cuál de sus viajes sobresale en sus recuerdos?
AP: “Al principio de los años 60 hice algunos reportes de viaje para la aerolínea PanAm, sobre las islas de los Mares del Sur, incluyendo Samoa Americana y del Oeste; las Islas Manua que se hicieron famosas gracias al exitoso libro de Margaret Meade “Crecer en Samoa”. También fui a las islas Fidji, de las que Tavenui fue mi favorita; a Nueva Caledonia, que no me impresionó mucho; a Hong Kong, a Tonga (un toque de los antiguos Mares del Sur) y a Tahití y sus islas, como Moorea, Bora Bora, Huahine, Raiatea y Tetiroa, la isla de Marlon Brando”.
¿Y el viaje más emocionante que ha hecho?
AP: “Creo que fue cuando viajé con Bob Hope a la Base Aérea Thule en Groenlandia, para filmar unos programas de la Hora de los Comediantes Colgate. Fue ahí que descubrí el secreto de Bob para verse siempre fresco y relajado; tan tranquilo aún después de un vuelo de tres mil millas y de varios ensayos: antes de empezar cualquier programa, se sentaba en un sillón, con los brazos cruzados. Entonces les advertía a los técnicos que nadie debía molestarlo mientras tomaba una siesta, una verdadera siesta. Para cuando despertaba, estaba totalmente repuesto y dispuesto a enfrentar a cualquier audiencia. Hay una buena lección que aprender en ese pequeño truco: si nos tomáramos todos los días una siesta de media hora en la oficina, podríamos comernos el mundo a mordidas”.
¿Usted nunca se siente de la edad que tiene?
Austin Petersen: “Realmente no. Me mantengo tan ocupado escribiendo libros que es sólo cuando tengo un respiro entre uno y otro, sin nada en la mente, que puedo pensar sobre el tener 100 años y, de repente, me siento viejo. Pero ese sentimiento desaparece cuando empiezo a mantenerme activo otra vez”.
Entonces ¿mantenerse activo es esencial para llegar a la longevidad?
AP: “Por supuesto. No hay que sentarse frente a la televisión con una lata de cerveza en cada mano y engañarse pensando que uno se mantiene activo. Salga a su jardín y pódelo; camine media hora por el vecindario; juegue golf; sea parte de un club, aunque sin involucrarse demasiado; vaya a la iglesia; conozca a otras personas; haga servicio voluntario; salga el fin de semana con su esposa e imagínese que están de luna de miel. Haga algo, lo que sea, pero manténgase activo, tanto mental como físicamente. Ese es uno de los secretos de la longevidad”.
“NO ES NECESARIO TENER BUENOS GENES PARA VIVIR MUCHO TIEMPO. TAN SÓLO MANTÉNGASE ACTIVO, TANTO MENTAL COMO FÍSICAMENTE. ESE ES UNO DE LOS SECRETOS DE LA LONGEVIDAD”
¿A qué atribuye el haber llegado a ser longevo? ¿Buenos genes?
AP: “Sólo en parte. Mi bisabuela llegó a las llanuras de California en una carreta durante la fiebre del oro de 1849. Estaba embarazada con gemelas. Fumaba una pipa hecha de mazorca y murió a la edad de 104 años. Nadie le dijo que fumar reduciría su tiempo de vida”.
Así que los genes sí tienen que ver en buena parte con ser longevo…
AP: “Sin duda, pero no lo son todo. Mi abuela, una de las gemelas, murió como a los 72 años de edad. La mayoría de sus hijos tampoco llegaron a una edad muy avanzada. Así que parece que los genes no les ayudaron mucho”.
¿Y su mamá?
AP: “Mi mamá fue la excepción. A diferencia de sus hermanas, fue delgada toda su vida. Comía con moderación y su único ejercicio era el quehacer de la casa. Ella fue la que vivió más tiempo”.
Seguramente no fumaba…
AP: “Nunca tocó un cigarro sino hasta que cumplió los 85 años”.
¿Empezó a fumar a los 85?, ¿Nadie le advirtió nada?
AP: “Ah, claro. Una prima mía vivía con ella y trató de que lo dejara pero no lo logró. Finalmente le rogó al doctor de que la convenciera de dejarlo. Él sólo se rió y le dijo que ya tenía 85 años; que si lo disfrutaba, la dejara en paz. Mi madre siguió fumando hasta su muerte a los 94 años de edad”.
¿El cigarro finalmente la derrotó?
AP: “No. Un día se cayó, se rompió la cadera y ya nunca se recuperó de la caída”.
¿Qué me puede decir sobre su padre?
AP: “A diferencia de mi frágil madre, mi padre era grande y fornido; trabajó duro toda su vida, de vez en cuando fumaba pipa y bebía poco”.
Supongo que vivió más tiempo que su madre…
AP: “No. Murió de un infarto a los sesenta y tantos (mediados de los años 60)”.
¿De sobrepeso?
AP: “No. Por exceso de huevos”.
¿Se está burlando de mí? ¡No lo creo!
AP: “Comía demasiados huevos; le encantaban. Lo llegué a ver devorarse cuatro o cinco omelettes con delicia y no pocas veces. Fue hasta hace muy poco que se descubrió que comer más de cuatro huevos a la semana regularmente, puede ser causa de infarto”.
¿Usted sigue este consejo?
AP: “Al pie de la letra. En caso de que coma más de cuatro, les quito la yema”.
Mencionó usted antes lo esencial que es comer muchas verduras y frutas. ¿Lo hacía usted en su juventud?
Austin Petersen: “Mi abuela, que vivía en la casa de a lado, tenía un inmenso jardín con toda clase de vegetales; desde espárragos hasta calabacines. También tenía un huerto con cerezos, manzanos, damascos, ciruelos y árboles de chabacano, así como una parcela de bayas con frambuesas, fresas y zarzamoras. Empecé a devorar frutas y verduras desde los dos años de edad, hasta los 19 en que me fui de casa”.
¡Vaya! Con esa dieta rica en frutas y verduras ha de haber sido usted el niño más sano de la escuela.
AP. “Aunque no lo crea, no lo fui. Para cuando terminé la preparatoria ya había tenido sarampión, tosferina, difteria, escarlatina, paperas, apendicitis y varicela”.
¿Pero cómo, si tenía usted tan buena alimentación?
AP. “Supongo que las frutas y verduras no lo protegen a uno contra las enfermedades infantiles; pero, eso sí, nos ayudan mucho a los adultos. Como dije antes, el Departamento de Salud de los Estados Unidos dice que comer de cinco a siete frutas y verduras al día puede reducir el riesgo de sufrir infartos o apoplejías y hasta de algunos tipos de cáncer como el de estómago. Todo eso puede ser sin tomar ni una sola medicina”.
Creo haber leído alguna vez que la gente de Okinawa, Japón, vive hasta una edad muy avanzada.
AP. “Sí. Los habitantes de Okinawa tienen el mayor porcentaje de gente que llega a más de 100 años. ¡Son 50 de cada 100,000! Hay una chamacona de 102 años de edad que todavía vende pescado en el mercado local. Lo que más se come por allá son zanahorias, fruta, camote, y productos hechos con grano entero. No fuman ni beben. Se mantienen delgados toda su vida por ser muy trabajadores y activos, sobre todo en granjas y pescando. Desde principios del siglo XX, la expectativa de vida ha aumentado de 51 a 80 años para las mujeres y de 48 a 74 años de edad para los hombres. El índice de mortandad en Okinawa es de 81.2, mientras que en los EEUU es de 76.8 (AMERISTAT).
¿Todavía nada y camina usted con la misma energía?
AP. “Nado todos los días, pero desde hace seis meses, como dije antes, camino más despacio debido a mi rodilla artrítica. Ahora camino como 90 metros hasta la alberca, nado y camino de regreso. Esa es mi rutina diaria. A veces, si me siento con mucha energía, camino hasta el hotel a lado de mi casa y de regreso, que es como 300 metros. Cuando salgo del condominio llevo mi bastón. Las banquetas de aquí de México pueden ser peligrosas. Muchas calles son empedradas y muchas de las escaleras no tienen pasamanos. El bastón me ayuda a mantener el equilibrio y no caerme, lo cual es una de las cosas que uno más teme cuando se llega a una edad avanzada; entre los adultos mayores, las caídas son una de las causas más comunes de muerte, así como de daños al cerebro”.
¿Qué recomienda para evitar caerse?
AP. “No levantarse demasiado rápido para no perder el equilibrio y no subir escaleras de mano. Dos de mis viejos amigos se cayeron de una escalera de esas: uno se rompió la cadera y el otro la pierna. Todas esas escaleras deberían tener una etiqueta que dijera: ‘Dañino para la salud’. Entre algunas otras recomendaciones está el tirar todos los tapetes, tener cuidado al salir del coche o al caminar en una banqueta mojada, usar zapatos cómodos, no avergonzarse por usar bastón o andadera en la calle. Si se siente inestable en el aeropuerto pida que le faciliten una silla de ruedas y alguien que lo lleve.
Y si piensa que usted es demasiado inteligente como para caerse, le digo que algunas investigaciones han demostrado que una de cada tres personas sufre alguna caída seria cuando llegan a una edad avanzada. Una pierna rota no se cura tan rápido cuando se tienen 85 años que como cuando se tenían 45. Quizá usted se sienta como si todavía tuviera 45, pero su cuerpo dice otra cosa”.
¿Y que tal el sexo a los 100 años de edad?
AP. “Es igual a cuando se tienen 50. La única diferencia es que a los 100, todo está en la mente; no en el cuerpo”.
¿Y el Viagra?
AP. “¿A los 100 años? ¡Olvídelo! Pero si se es más joven, puede preguntarle al doctor si lo puede tomar. No funciona para todos, pero si se es de los afortunados, seguro le cambia la vida. Las encuestas dicen que el uso de medicinas para la potencia se ha duplicado desde 1999. Estas han llegado a la conclusión de que los productos contra la disfunción eréctil han aumentado, de manera sorprendente, el placer de las parejas de los hombres que los usan.
Las investigaciones del Centro de Salud para la Mujer en Rodeo Drive de Beverly Hills han llegado a un descubrimiento asombroso: es mentira que las mujeres mayores estén felices por no tener más sexo. Por cada mujer que dice que su esposo quiere tener relaciones, pero que a ella no le interesa, realmente hay una mujer que exclama: ‘Quiero tener sexo pero a mi esposo no le interesa’. Aunque tomar Viagra nada más no es suficiente; primero hay que tener el deseo sexual. Y eso tiene que salir de uno mismo.
En el ejemplar de agosto de 2005 de la revista de AARP, Susan Jacoby presentó un artículo que reporta los comentarios de una mujer acerca de lo importante que es el amor cuando se envejece: ‘Una de las razones por las que apreciaba los momentos románticos, antes de que mi esposo descubriera el Viagra, era por la manera en que me tocaba y cómo buscaba la manera de satisfacerme; no se trataba sólo de lo que él quería, sino lo que los dos deseábamos y ahora puedo retribuirlo’”.
A todos nos gustaría llegar a los 100, como usted dijo. ¿Qué es, entonces, lo que tenemos que hacer para lograrlo? Ya mencionó no fumar y beber con moderación. ¿Algo más?
Austin Peteresen. “Una de las cosas más importantes es vigilar la dieta. El Departamento de Salud Pública de los Estados Unidos reportó que el 75% de las enfermedades cardiovasculares se deben a una mala dieta”.
¿Cuál sería una dieta saludable?
AP. “Los Departamentos de Salud de Estados Unidos y de Inglaterra, así como los de otros países, recomiendan comer de cinco a siete frutas y verduras diferentes al día para reducir el riesgo de cáncer de mama, cervical, de laringe, de vejiga, prostático y estomacal. La segunda regla más importante es mantenerse bajo de peso. ¿Está acumulando grasa en esa cintura? Deshágase de esas llantitas ahora mismo. Una encuesta de la AARP reveló que el 97% de los adultos americanos no siguen las cuatro reglas esenciales para una vida sana: comer bien, mantener un peso saludable, hacer ejercicio y no fumar. Ese es un porcentaje alarmante. Si les sirve de consuelo: Nunca es tarde para empezar a comer bien”.
¿Alguna vez ha engordado?
AP. “Si me consiento demasiado con la comida, fácilmente puedo llegar a tener de esas llantas que caen sobre el cinturón”.
¿Cómo es que se mantiene delgado, entonces?
AP. “En el momento que subo más de cinco kilos, sigo mi dieta poco convencional de “sólo la mitad”; o sea, consumo sólo la mitad de cada alimento. Desayuno sólo un huevo, en lugar de dos, con una sola rebanada de pan tostado y sin mantequilla, ni tocino o jamón. Tomo sólo medio tazón de cereal integral, con leche descremada, medio vaso de jugo de naranja, una sola taza de café, sin crema ni azúcar. Como sólo una porción de ensalada de verduras (jitomates, lechuga y pepinos) con medio vaso de leche descremada. A media tarde me como unas ramas de apio y medio vaso de jugo de toronja. Ceno solamente la mitad de lo que iba a tomar. Si esta dieta no funciona pronto, entonces tomo sólo dos comidas”.
Eso es bastante drástico. ¿Qué dicen los nutriólogos de su extravagante dieta?
AP. “Supongo que les daría un infarto. No se la recomiendo a nadie más, pero a mí me funciona muy bien mientras no haya subido más de cinco kilos. Otra cosa importante para mantenerse delgado es comer ligero. Nada de volverse a servir, por más tentado que se vea uno a hacerlo”.
Muchos expertos recomiendan hacer cinco comidas ligeras en lugar de tres comidas pesadas…
AP. “No lo he intentado, pero me parece razonable, pues así nunca se recarga el estómago”.
¿Qué otras recomendaciones puede darnos para alcanzar la longevidad?
AP. “El ejercicio es muy importante. Mis favoritos son nadar y caminar. Los consejeros en salud dicen que uno debería caminar al menos 30 minutos al día, pero hay que hacerlo poco a poco. Empezar a caminar sólo dos o tres minutos al día hasta llegar a la marca de los 30 minutos. Hay que mantener una posición erguida, mirando hacia delante, con la cabeza derecha, las manos sueltas sin apretarlas. Si uno camina todos los días de la semana, dicen que puede reducir en un 20% el riesgo de cáncer pulmonar, en 50% el de padecer diabetes y entre 30 y 40% el riesgo de sufrir alguna enfermedad cardiovascular.
Un descubrimiento sensacional pero cuestionable, sobre el que leí, dice que el caminar tres kilómetros al día puede reducir el riesgo de morir, ¡casi a la mitad! También dice que caminar 20 minutos al día es tan bueno como un programa de ejercicio de alta intensidad”.
¿No es necesario trotar o correr?
AP. “Nunca he trotado. Recuerdo haber leído sobre un gran entusiasta de la carrera lenta que publicó un libro sobre las ventajas de ese deporte. Unos meses después cayó muerto de un infarto. Como sea, miles de personas trotan todos los días y les va muy bien. Mi hijo, Harry, que es paramédico de los bomberos en Los Ángeles, California, es corredor; pero eso no es para mí”.
Algunos expertos dicen que el ejercicio debe ser vigoroso para que valga la pena. Aseguran que si no duele, no sirve.
AP. “El Centro de Educación para la clientela de MetLife dice que eso no es necesariamente cierto. Hay que ir poco a poco. Si uno es un hombre de más de 40 años o una mujer mayor de 50, con factores altos de riesgo, tales como fumar, presión arterial alta u obesidad, es necesario consultar con su médico primero”.
¿Alguna otra reflexión sobre el caminar?
AP. “En junio de 2005, el Instituto de Investigación de Oregon publicó un reporte de especial interés para nosotros los que vivimos en Puerto Vallarta. Dice que el caminar en calles empedradas es muy saludable. La Sociedad Americana de Geriatría va un poco más allá y dice que el caminar sobre piedras redondas y lisas puede disminuir significativamente la presión arterial y mejor el balance del cuerpo. Les daría mucho gusto oír eso a todas esas personas que diariamente se tropiezan en las calles de Puerto Vallarta. Las investigaciones hechas en China han comprobado que caminar sobre una superficie dispareja o empedrada, estimula los puntos de acupuntura en las plantas de los pies, lo que aseguran que mejora el balance, entre otras cosas”.
¿Qué me dice sobre sus propios hábitos de caminata?
AP. “Mi ritmo al caminar ha disminuido durante los últimos seis meses a causa de mi rodilla enferma, pero todos los días voy a nadar. Para mí, ese es el mejor ejercicio que existe”.
¿Entonces recomienda nadar en lugar de caminar?
AP. “Los dos son muy buenos pero se puede nadar aún cuando uno no pueda dar ni diez pasos. Así que puede usted meterse a la alberca aunque tenga que llegar a ella con bastón, andadera, silla de ruedas, a gatas o cargado en brazos por una hermosa mujer salvavidas”.
¿Es cierto que la memoria va disminuyendo conforme se acerca la vejez?
AP: “¡Claro que no! Mi memoria es tan buena ahora como lo era en mi juventud”.
¿De verdad?
AP: “Claro que sí. Recuerdo a la perfección mi primer día de escuela en Palo Alto. La maestra se llamaba Judy y vivía en la calle Cowper. Era una mujer rubia y sin busto. También recuerdo mi primera cita con una chica. Se llamaba Dorothy y vivía en la Avenida University. Era pelirroja y con un gran busto; realmente un gran busto”.
Qué interesante. Ahora quisiera…
AP: “También recuerdo mi primer trabajo en la radio. La estación era la KFRC en la Avenida Van Ness de San Francisco. Corría el año 1933; mi jefe era Bill Wright, quien más tarde sería actor de cine. El director de nuestra orquesta era un joven llamado Meredith Wilson. Entre los miembros del personal había una muchacha llamada Bea Benadaret, quien después protagonizó su propio programa de televisión, Petticoat Junction, y Ralph Edwards, el que más tarde creó y fue el anfitrión de This is Your Life y Truth or Consequences”.
Buena memoria. Ahora, lo que yo quería…
AP: “Escribí cuatro guiones de comedia, produje un espectáculo de dos horas, cinco veces a la semana. También trabajé en efectos de sonido y fui editor del noticiero de las 10:00pm. ¡Todo por $42.50 dólares a la semana!”.
¿Todo eso por $42.50?
AP: “Esto era justo durante los años de la Depresión, así que me daba mucho gusto poder tenerlos”.
Me imagino. Lo que yo quería…
AP: “También recuerdo haber ido a Hollywood en 1936, para escribir en el programa de radio de Fred Astaire. Hice equipo con otro joven escritor de San Francisco que se llamaba Jess Oppenheimer y que, después de la Segunda Guerra Mundial, produjo y fue el escritor del programa de televisión I Love Lucy, durante sus primeros seis o siete años. Por el programa de Astaire recibíamos $100 dólares a la semana, con aumentos de $25 cada 13 semanas. De inmediato metí la pata por comprar un Packard convertible azul, con llantas de alambre rojo. Me costó $1,500 dólares”.
¿$1,500? Yo compré un BMW convertible hace un par de meses por $40,000 dólares.
AP: “En ese tiempo las cosas eran un poco más baratas. Podías comprar una casa en la playa de Malibú por $65,000 dólares, lo cual era casi lo mismo por una casa en Beverly Hills”.
¿Cómo fue trabajar con Fred Astaire?
AP: “Le llevábamos los guiones a su casa cada semana. Nos servía un whisky con agua a cada uno; se llevaba el guión al cuarto contiguo y lo leía con su esposa. Generalmente no había problema; sólo que un día Jess y yo quisimos ver ensayar a Fred y a Ginger Rogers su gran número de baile para Swing Time, así que llevamos el guión a los estudios RKO para que lo leyera Fred, lo cual fue un gran error”.
¿Por…?
AP: ¡Ginger llegó cuatro horas tarde al ensayo y Fred estaba furioso! Se deshizo de todo el guión, por lo que Jess y yo tuvimos que trabajar toda la noche para escribir uno nuevo.
Eso estuvo pesado. Bueno, yo…
AP: “También recuerdo que en 1942 fui comisionado como capitán del ejército y ayudé al Coronel Tom Lewis y a otros para estrenar el Servicio de Radio de las Fuerzas Armadas (SRFA). El propósito de este servicio era levantar la moral de las tropas en tierra, poniéndolos “al tanto de lo que pasaba en casa” con programas de variedades e informativos, producidos únicamente por nosotros mismos. También borrábamos los comerciales de los programas de radio más populares y los enviábamos al otro lado del océano por onda corta en unos discos inmensos que tocaban nuestras estaciones de radio en todo el mundo”.
De verdad que tiene usted una memoria excepcional. Bueno, entonces…
AP: “También recuerdo cuando, a finales de diciembre de 1944, hice una gira de cuatro meses por las estaciones de radio de SRFA en el Pacífico. Visité Hawai, Kwajelien, Eniwetok, Guam, Saipan, Leyte, el Golfo de Lingiyan, Manila, Biak, Guadalcanal, Espíritu Santo, Nueva Guinea, Nueva Caledonia y la Isla Cantón. Lo recuerdo todo claramente. Como cuando aterricé por error en un camino pedregoso que atravesaba un parque en el centro de Manila. Había todavía entonces 15,000 tropas japonesas atrapadas tras el muro, como a 600 metros de distancia”.
Supongo que nunca lo olvidará. Entonces, dígame…
AP: “Recuerdo también que, después de la guerra, viajé como socio representante de la oficina en Hollywood de la agencia de Ted Bates. Había dos comediantes trabajando en un club nocturno del centro, los cuales recomendé a Colgate que los contratáramos como estrellas de nuestro espectáculo de radio. ¿Cuánto iba eso a costar? $5,000 dólares. El cliente salió de Nueva York, destornillado de risa por las payasadas de aquel par, diciendo que no nos funcionarían; que sólo eran buenos para trabajar en cabaret; que nunca llegarían a la radio o la televisión. Unos años más tarde, este mismo cliente pagó a la cadena NBC $75,000 a la semana por esta misma pareja como estrellas de la ‘Hora de Comedia Colgate’. Sus nombres: Dean Martin y Jerry Lewis”.
Vaya frustración. Cómo le iba diciendo…
AP: “Patrocinamos un programa en CBS que se llamaba ‘Nuestra Señorita Brooks’ y lo protagonizaban Eve Arden y Jeff Chandler. Teníamos derecho a poner nuestro programa como reemplazo de verano, por lo que saqué a un disc jockey de su programa matutino en KNX y lo contraté por cinco años, con un sueldo inicial de $350 dólares a la semana y lo puse en el susodicho reemplazo de verano. Pensábamos que le estaba yendo muy bien, pero el cliente no estaba de acuerdo. Cancelamos su contrato después de 13 semanas. El cliente predijo que no tenía ningún futuro. Entonces, la cadena CBS lo contrató y en dos meses ya era el protagonista de su propio programa de una hora, llamado ‘El Show de Steve Allen’”.
¡Qué golpe tan duro! Ahora, yo…
AP: “Eso sólo es la mitad de lo sucedido. Otro cliente nuestro, American Home, tenía una queja. Se preguntaban por qué le estaban pagando tanto a las cadenas de televisión por cada estrella, así que se propusieron crear los suyos. Así que me puse a trabajar. Había un joven de Nebraska que tenía un programa de bajo presupuesto en KNXTV en Los Ángeles. Me pareció que tenía un gran potencial y lo contraté por cinco años, tal como lo hice con Steve Allen, con un sueldo inicial de $350 dólares semanales y con miras de llegar a los $750 para el quinto año. El cliente estuvo de acuerdo en probarlo durante 13 semanas por la CBS. Nos parecía que el chico era estupendo, pero al cliente no, por lo que lo canceló a las 13 semanas. ‘Buen chico’, dijo, ‘pero totalmente local. No tiene futuro’. ¿Cuál era su nombre? Johnny Carson”.
Con 100 años a cuestas y aún recuerda usted todo eso tan claramente. Es realmente increíble.
AP: “Ya le dije que no perdemos la memoria al llegar a la vejez”.
Y me convenció, de verdad.
AP: “Me da gusto. Mucha gente cree que nuestra memoria va disminuyendo con la edad. No tengo intención de cambiar el tema, pero anoche vi una gran película en televisión”.
¿Cómo se llama?
AP: “¿Qué?”
¿Cómo se llama la gran película que vio usted anoche?
AP: “Ah, el nombre era… No me acuerdo, pero tenía un gran reparto”.
¿Quién sale?
AP: “¿Qué?”
Los actores, ¿cómo se llaman?
AP: “¿Cómo se llaman? Bueno, sale esta muchacha… ¿cómo se llama? Con ella actúa… No recuerdo quien”.
¿De qué se trata la película?
AP: “¿De qué se trata qué?”
La película que vio anoche en televisión, ¿de qué se trata?, ¿cuál es la historia?
AP: “Ah, la historia… hmmm… ¿era de vaqueros? No, era una romántica. ¿O era de misterio…?
¿Cuál fue, entonces?
AP: “No me acuerdo”.
Pero su memoria no se desvanece con la edad, ¿verdad?
AP: “Bueno, quizá un poco. No se puede ganar en todo”.